El papa Francisco preside en la Basílica de San Pedro la Pasión de Cristo, la primera de su pontificado, que ha comenzado orando durante varios minutos tendido en el suelo.
Miles de personas, entre ellas el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, asisten en el templo vaticano al rito del Viernes Santo, único día del año que no se oficia misa.
Tras la lectura de la Pasión de Cristo, el Predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, ha asegurado en la conmemoración de la Pasión del Señor que la burocracia y las controversias impiden que el Evangelio llegue a los hombres, y ha recordado las palabras de Cristo al santo de Asís, que dijo: "Ve, Francisco, y repara la Iglesia".
Otro de los actos que nos han llamado la atención, ha sido que Francisco I ha renunciado a vivir en el apartamento pontificio. Desde que fue elegido, Jorge Mario Bergoglio ha ido acompañando su discurso central —“desearía una Iglesia pobre y para los pobres”— con pequeños pero inequívocos gestos de sencillez: ha renunciado al lujoso coche oficial y a parte de la escolta, ha sustituido el papamóvil blindado por un jeep descubierto para recorrer la plaza de San Pedro y, por citar solo tres, suele invitar a sus misas diarias de las siete de la mañana a los trabajadores del Vaticano. El último gesto ha sido el de renunciar a trasladarse —al menos por el momento— al lujoso apartamento pontificio del tercer piso del Palacio Apostólico. Se conformará con la habitación 201 de la residencia de Santa Marta.
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